Los artistas son a veces como antenas invisibles que perciben lo que aún no se toca. A menudo pienso en la poesía como el arte más abstracto y denso, aquel que puede decir más con menos.

Juan Ramón Jiménez fue un poeta gaditano, premio Nobel de literatura en 1956. En este breve poema condensa todo aquello que podemos aprender para ser nosotros mismos, allí en lo más hondo, en donde el sufrimiento no alcanza. Ser uno mismo. Ser el que está ahí, el que siempre estuvo y estará ahí mismo siempre.

Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

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