¿Has buceado por el museo de ideas que hemos creado? ¿Piensas que te sabes la teoría? ¿Entiendes los conceptos que te planteamos? Si tu respuesta a estas preguntas es sí pero todavía te sientes confuso y dudas de que todo esto te pueda ayudar profundamente, no te preocupes. En este aprendizaje, todos pasamos por esta etapa.

El hombre lleva haciéndose las mismas preguntas que tú desde hace miles de años. ¿Quién o qué soy? ¿Qué sentido tiene todo ésto? ¿En qué consiste la vida? ¿Por qué sufro tanto? Y desde que se pregunta todo esto ha intentado darle respuesta.

Desde el tiempo del nacimiento de las primeras escuelas de filosofía, se han iniciado viajes de autodescubrimiento. De alguna u otra manera se ha querido transmitir de maestros a aprendices una serie de conocimientos para fomentar el desarrollo espiritual. Y, además, esta inquietud es natural en el ser humano como lo es el amor o el respirar. En la India hay un fenómeno al que denominan “la edad del bosque”. Y es que, a determinada edad o etapa de la vida, los hombres empezaban una especie de despertar espiritual. Entonces, decidían retirarse por una temporada y marchar al bosque. Era algo tan frecuente que disponían de cabañas públicas destinadas a este uso. Durante un tiempo, se dedicaban a meditar, a reflexionar, hablaban con otras personas que estaban de retiro y, finalmente, cuando podían ver aquello que se les escapaba, volvían a sus casas. Parece que la inquietud espiritual y el tiempo de mirar hacia adentro no se localiza solo en la India, también lo podemos ver en occidente. La denominada “crisis de los 40”, por ejemplo. Podemos observar a nuestro alrededor personas que, en determinado punto de la vida se preguntan ¿Ésto es todo? Debe haber algo más.

Como todo aprendizaje, se produce como las olas. Lo vamos entendiendo, después perdemos el sentido y no encontramos lo que habíamos visto ya. Más tarde, vuelve con más fuerza para luego volver a escapar. Dejamos de entender algo que habíamos entendido para, sorprendiéndonos, abrir un nuevo significado. Lo que quiero decir es que no es un proceso lineal, sino oscilante. La filosofía de vivir es el mayor aprendizaje que podemos hacer. Aunque haya puntos en los que pienses que hay un retroceso, no pasa nada porque es parte del proceso natural.

Voy a explicar un ejemplo para ver cómo es posible que el aprendizaje no sea lineal. Hay que tener en cuenta que uno de los aprendizajes más difíciles de adquirir es el desapego hacia el pensamiento y el ego. Se pretende hacer una mudanza de identificarse con pensamiento y el ego a una residencia más profunda. En el proceso, vamos viendo que no somos eso que creíamos ser y vamos restando la atención que ponemos a nuestra mente, la vamos silenciando. Pero nuestro sistema psicológico funciona, de alguna manera, como si fuera un ser vivo. No quiere ser silenciado, no quiere morir. Para colmo, es muy inteligente, pues es nuestro pensamiento, y conoce todos nuestros secretos y claves. Intentará convencernos de permanecer allí. Seguramente comencemos una lucha contra nuestra mente. Sin embargo, habrá que darse cuenta de que mientras permanezcamos en esas lucha, seguiremos en el dominio de la mente. Como dicen los maestros: “Deja que la mente se ocupe de los problemas, que para eso ella se ha metido. Tú, dedícate a otras cosas”. Todo esto es un proceso en el que encontraremos resistencias, vueltas atrás. Hay que tener en cuenta que deshacerse de nuestra antigua morada no es fácil, llevamos toda una vida viviendo en el mismo sitio y es difícil decirle adiós. Aunque sea una casa con goteras, le hemos cogido cariño.

Hemos encendido una chispa en tu interior con nuestras palabras, con nuestra manera de transmitir. Pero no es suficiente. El fuego depende de las condiciones personales y del propio proceso madurativo. ¿Qué cantidad de oxígeno tenemos dentro? ¿Necesitaré desapegarme de muchos pensamientos y maneras de concebir la vida para que el aire entre dentro y avive la llama? Hay veces en las que no estamos en condiciones de asimilar cierto aprendizajes. Por eso, la revisión de textos o contenidos es tan útil. Hay libros, como el Tao Te King, de Lao Tse, que cuando lo releemos tenemos la sensación de que comprendemos cosas nuevas cada vez.

El proceso de aprendizaje, de ver la vida de una manera más real y viva, es como aprender a tocar una guitarra. Imaginemos a un maestro guitarrista y a su aprendiz. Le enseñará a colocar los dedos sobre el mástil para poder crear notas musicales, a leer una partitura. Le instruirá sobre el compás, el ritmo, los géneros musicales. Y el aprendiz será mejor guitarrista. Sin embargo, hay un aprendizaje que se inicia desde el aprendiz y no desde el profesor. La conexión con la música, el sentimiento al tocar, el arte y el duende.

Es necesario aprender todo lo demás. Es necesario leer filosofía, iniciar ciertas reflexiones. Pero, finalmente, es nuestra experiencia la que nos va haciendo maestros en el arte de vivir.

No te preocupes, lo irás sintiendo. Seguro que ya ha cambiado el prisma con el que veías el mundo y ti mismo. Lee, reflexiona, compártelo, filosofa y no te preocupes. Los cambios que esperamos se producen fuera de nuestra mente y de nuestro control directo, pero están ocurriendo y acabarán floreciendo.