Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.

Antonio Machado – Proverbios y Cantares

El poeta andaluz Antonio Machado (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939), recorrió durante su vida un camino profundo de autoconocimiento, cuyos pasos y descubrimientos fue consignando por escrito. Muchos de sus poemas expresan posiciones filosóficas que recuerdan la corriente no dualista que se extiende desde la India, con el Vedanta Advaita, pasando por China con el taoísmo en el siglo VI antes de Cristo, y que en parte alcanza Japón, con el budismo Zen. Este micropoema, de apenas 3 versos y 12 palabras, contiene lo más nuclear del pensamiento más profundo del ser humano para el que disponemos de registro escrito. La coincidencia de visiones a través de los siglos y de las culturas me sugiere que hay posturas que nos unen y que subyacen en las raíces del ser humano.

Podemos pasar por la vida soñando, o viviendo y soñando, pero hay algo aún más importante y que generalmente permanece oculto. Hay algo que todavía se extiende más allá de los territorios de la vida sensitiva y de los mundos pensados. Parece que no tiene nombre propio y el poeta lo señala con un movimiento, con un verbo: despertar. El despertar en sí mismo es un cambio de estado mental, que transita entre lo ilusorio y lo real. Soñar no es más que soñar, y a nadie se le puede escapar que la consistencia del sueño es vaporosa y volátil. Pero en cambio vivir nos parece tangible y real, y por tanto atribuimos al vivir la veracidad que nos transmiten nuestros sentidos y nuestra experiencia. Sin embargo, Machado va más lejos. Se coloca él mismo, y con ello arrastra al lector, desde una posición en la que no toma partido en la corriente de la vida misma, sino que se alza sobre ella, observándola, en un acto de conciencia al que llama despertar.

He podido observar que durante una psicoterapia se produce, en ocasiones, un cambio evolutivo y a menudo irreversible cuando el paciente “despierta”. Es algo que puede suceder dentro de nosotros, cuando por alguna razón nuestra mente conecta elementos que antes no alcanzaba a ver desde una perspectiva conjunta. Se produce en ese momento una particular sensación de excitación, de alegría, de comprensión, de liberación, como cuando decimos: “¡Ahora lo entiendo!”. Esa función de comprensión que tiene nuestra mente puede conducirnos a reescribir nuestra propia historia vital y a salir, aunque sea por un momento, de lo que llamamos nuestra vida.

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