“Tómate el tiempo para conocerte. No eres lo que quisieras ser, ni lo que los demás piensan de ti. No eres la imagen que proyectas, ni eres la opinión de otros. No te busques en las ideas ni en los pensamientos. Quítate las máscaras, todas, también las de la mente.”

Me repito a mí mismo muchas veces estas cosas. Y cuando hablo con una persona que ha perdido el rumbo de sí misma, que vive buscando fuera, en los ojos de los demás, vuelvo de nuevo a desnudarme, a quitarme lo que sobra y a sacudirme el polvo que de forma persistente se va depositando en nosotros hasta sepultarnos.

Es entonces cuando lo que digo alcanza al otro, porque primero me ha tocado a mí.

No tengas miedo de acceder a tu propio sentir. Es tu única brújula posible. Aprende a seguir sus indicaciones. Si te equivocas, aprende aún más. Si aciertas, mantén la calma. Afina, sin cesar, tus propios instrumentos. Si no los conoces, descúbrelos. No enloquezcas, mantén la calma y el sigilo. Persiste. No abandones.

Esto es, en realidad, creo, todo lo que puedo decir. Más allá, está el vivir y eso no tiene palabras.

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