No sé si te pasa lo mismo, pero esta fotografía de dos primates abrazados me recuerda mucho a La Piedad de Miguel Ángel (escultura situada en El Vaticano, en Roma). Ambas obras de arte parecen representar dos momentos muy distintos de una misma historia.

En la fotografía de los chimpancés, realizada por la fotógrafa catalana Isabel Muñoz y perteneciente a su serie Primates, podemos apreciar lo que parece ser una madre y su hijo. Es algo muy profundo lo que transmiten sus caras y sus gestos. La madre parece estar entre tensa y relajada. Es como si estuviera alerta de los posibles peligros que pudieran acechar a su hijo, pero a la vez está entregada en la labor de arroparlo y envolverlo con un manto de cariño y seguridad.

Su hijo, por el contrario, tiene el gesto de la entrega absoluta, de sentirse en casa, donde nadie puede ni podrá hacerle daño jamás. Tiene los ojos cerrados, la musculatura relajada y la cabeza acurrucada en el pecho de su madre. No necesita nada más en ese instante, lo tiene todo.

Pero para mí el detalle más real e intenso, que me conecta con ambas obras, es las manos de la madre. Rodea a su hijo completamente, tomándolo con sus largos dedos, apretando en las costillas, atrayéndolo hacia sí. Esa zona tan vulnerable, cerca del corazón, sólo puede ser tocado por alguien íntimo, que nos quiera y nos aprecie. Sólo nos puede sostener así alguien en quien confiamos.

En el caso de La Piedad, la Virgen María sostiene en sus brazos a su hijo tras morir en la cruz. En la imaginería religiosa este es de los momentos más conmovedores y sufridos del evangelio. El dolor y la tristeza es palpable en la escena. Los hombros caídos de ella y su cabeza gacha nos hacen sentir su pesar. No es una cara al borde del llanto ni de la desesperación. Es ese dolor pausado, somero pero intenso.

María sostiene a su hijo, pero no lo abraza y arropa como en el caso anterior, sino que lo expone al mundo. Con la mano izquierda hacia arriba, muestra su hijo al cielo, clamando misericordia y una explicación que dé sentido a su pesar. “Piedad” es eso que sentimos cuando algo nos genera lástima, comprensión y ternura. Curioso que, en el arte religioso, “La Piedad”, siempre haga referencia a este momento bíblico concreto.

Lo que para mi conecta ambas escenas, es como, al igual que la madre chimpancé, la Virgen también agarra fuertemente a su hijo por las costillas. Lo sostiene atrayéndolo para sí, pegando piel con piel,uniéndose con lo que uno siente de uno. Es una sensación muy física de protección, de unión e intimidad. Y, por lo que observamos en ambas escenas, algo instintivo, primitivo. La protección y el amor.

Ambas obras de arte podrían intercambiar sus papeles en cualquier momento: podríamos ver una escena de una Virgen María abrazando a un Jesús niño como en la primera fotografía, o el de una chimpancé que tiene entre sus brazos a su hijo muerto como en la segunda. Por eso decía al principio que parecían dos momentos distintos de la misma historia, como si lo que está viviendo la chimpancé, en algún momento lo hubiera vivido ya María.

Y esa capacidad que tenemos para ver lo mismo entre dos primates y dos humanos, o mejor dicho, entre una foto de primates y otra de un bloque de mármol tallado, ¿qué es en realidad? ¿Por qué somos capaces de tales cosas? ¿Qué son esas cosas que están entre mi, cuando escribo y tú cuando lees? ¿Es que acaso somos, ante todo, conciencia, la misma conciencia?

A continuación puedes ver el resto de fotografías de la serie “Primates” de Isabel Muñoz:

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