…Para enterrar
A los muertos como debemos,
cualquiera sirve, cualquiera…
menos un sepulturero…

León Felipe

León Felipe (Tábara 1884 – Ciudad de Méjico 1968) fue un hombre complejo, como cualquier hombre, con voz profunda y propia, que difícilmente puede adscribirse a corrientes específicas, aunque su obra se solapa con la de la generación del 27. Estos versos, de su poema “Romero sólo…”, me han acompañado desde la infancia. Creo que me han llamado en todo momento a huir de la huida engañosa que suponen la rutina y el desinterés.

Lo más prosaico de un entierro son, sin duda, esos sepultureros que se mueven entre las mentes de los asistentes, confrontadas a la brevedad de la vida. Unos se apresuran en su tarea, como si el verdadero lugar de residencia en la tierra fuese el féretro. Otros, afligidos, se interrogan y flotan entre sus pensamientos, tratando tal vez de hallar alguna respuesta. Pero es así con todo. Podemos pasar por la vida buscando su sentido más hondo, en cada instante, y renovar la mirada con cada acción. O podemos vivir sin saber lo que ocurre alrededor nuestro y hacer de nuestro trabajo una simple repetición rutinaria.

Acabaremos en el féretro, eso es bien seguro, pero también podemos pensar que seguiremos siempre presentes, porque no existe la muerte sorda e inerte, sino un continuo ir y venir de seres en la vida. Hagamos nuestro trabajo con cuidado y atención, porque cada instante es irrepetible y eso mismo es la vida.

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