Sofía es una mujer de 46 años, madre de dos hijas, y que recientemente ha tomado la decisión de separarse de su marido, con el que lleva más de 20 años de relación. La suya ha sido una relación muy tormentosa, en la que ha habido maltrato psicológico.

La pareja ha vivido momentos muy intensos, ya que juntos superaron las severas consecuencias de un accidente laboral que sufrió él. Actualmente está completamente recuperado. Este hecho unió mucho a la pareja. Ella fue un apoyo incondicional y una cuidadora para su marido, Pablo.

Sin embargo, el carácter y las actitudes de Pablo han provocado el hartazgo de Sofía, hasta hacer que ella tomara la decisión de divorciarse de él. El consumo de drogas (principalmente cocaína y alcohol) todos los fines de semana, ha hecho que el carácter de Pablo sea cada vez más violento y descontrolado. Poco a poco se ha convertido en una persona muy celosa, y  coarta, hasta extremos enfermizos, la libertad de movimiento de Sofía. Se preocupa en exceso por la imagen de la pareja y por la reputación de su mujer.

Él se ha negado a pedir ayuda por su adicción a las drogas y al alcohol, y no percibe que tenga ningún problema en este sentido.

Sofía es una mujer hecha a sí misma. Ha conseguido levantar un negocio exitoso, a la vez que ha cuidado de sus dos hijas y de su marido. Es  fuerte, inteligente, madura y después de muchos años, ha decidido no soportar a un hombre violento a su lado. Poco a poco va tomando el gobierno de su nueva situación y sanando sus heridas.

En la sesión de hoy, Sofía intenta reconciliarse con lo que ella percibe que es la ruptura de su familia y de la que, en ocasiones, se siente responsable a pesar de contar con el apoyo incondicional de sus dos hijas. En varios momentos durante la conversación con su terapruta, Daniel, aparece la idea de que su exmarido le da lástima, porque él la quiere mucho.

Sofía: Pablo me quiere tanto que no creo que él tenga el ánimo de hacerme daño intencionadamente.

Daniel: (Daniel cambia abruptamente el rumbo de la conversación. Hace una pausa, reflexionando.) Llevas toda la sesión repitiendo lo mismo. ¿Qué quieres decir con eso de que  te quiere mucho?

S.: No sé… Él me me repite continuamente  que me quiere mucho, que me echa de menos…

D.: Pero yo veo ahí una confusión. Date cuenta de que usamos la misma palabra para decir “quiero este coche” y “quiero a esta mujer”. ¿Qué es querer? Me dices que te quiere, pero ¿qué quiere decir eso realmente?

S.: Denota posesión, quizás.

D.: ¿Tú piensas que te quiere?

S.: Si me quisiera de verdad me hubiera sabido encontrar. Se habría interesado por saber lo que yo quería y hubiera intentado dármelo.

D.: Estoy de acuerdo contigo. Yo creo que querer significa muchas cosas. Podemos decir que queremos un coche, que queremos a una mujer, que queremos echar un polvo. Sin embargo, la misma palabra, significa muchas cosas distintas. Ese querer que tú interpretas cuando él te dice que te quiere, y que te ablanda el corazón, tiene mucho que ver con el respeto. ¿Pero es el que realmente te profesa?

S.: Él no me respetaba en absoluto.

D.: Ahí está el punto.

S.: Él no es que haya sido un ogro conmigo, tampoco es que todo haya sido un infierno.

D.: Por lo que me has contado, a mí me parece que sí. (Sofía asiente después de pensarlo de nuevo unos instantes.)

Ese querer, de amar, tiene que ver con el respeto, Sofía. El respeto, a su vez, también tiene varias facetas. Hay una parte que es la de entender el respeto como sumisión. Está más relacionado con el tenerle respeto a alguien que te puede dar un golpe en la cabeza. Es una faceta de disciplina, de orden, de mando, de autoridad. Le tenemos respeto a un superior, a una fiera salvaje.

La otra faceta es la que tiene que ver con la asimilación del otro. Aceptar lo que el otro, en un momento dado, siente, quiere, necesita. Nos interesamos por saber qué hay en su alma, si sufre, cómo está. Tiene que ver con escuchar muy atento, con mucha fineza, al otro. Entonces, en vez de ser un respeto de ruido, es un respeto de silencio, para oír al otro mucho mejor. No admite rebeldía, ni miedo. Es un respeto de sentir al otro profundamente, del aflorar de nuestra sensibilidad. Eso, no lo ha tenido contigo.

S.: (Con mucho pesar.) No…

D.: Ha tenido, más bien, todo lo contrario. No te ha tratado con la delicadeza que merecías.

S.: (Asintiendo con todo su cuerpo.) Sí.

D.: Entonces, cuando él te dice que te quiere mucho, en realidad te está diciendo otra cosa. Lo que te dice es: te necesito mucho, te quiero exhibir ante los demás como un trofeo, necesito ir a un refugio donde me cuiden después de la noche de desmadre. Te está diciendo: yo quiero poseerte, yo quiero aliviar mis impulsos sexuales contigo. Eso es lo que te está diciendo. No está queriendo decir: “te siento muy cerca de mí todavía, y sé que tú sufres cuando vengo drogado y borracho, por eso no me vale la pena hacerlo. No me vale la pena hacerlo porque me duele el hacerle daño a alguien a quien yo respeto.”

Respetar los sentimientos de la persona que tengo a mi lado significa estar en sintonía, en contacto, con los sentimientos del otro. Mis sentimientos y los suyos tienen un canal preferente de comunicación. Cuando ese canal se enturbia, yo también sufro, porque respeto al otro. Significa admiración, respeto, llevarlo en mi corazón, sentir que es parte de mi alma, que está dentro de mí. Por lo tanto, cuando el otro está dañado, yo también lo estoy. Todo esto, es lo que está contenido en la palabra amor. Cuando eso no está contenido en las palabras “te quiero”, entonces no es amor, es otra cosa. Cuando no está contenido “este sentir como el otro siente”, el  estar unidos por un sentimiento común que nos hace cuidar al otro, atenderle, vigilar por su estado, sentir tú como el otro… Cuando eso no existe… entonces no es amor.

S.: Secretamente yo siempre he pensado que eso no era amor.

D.: Por eso, cuando tú dices que él te quiere mucho, no llego a entender cómo es posible…

S.: (Terminando la frase de Daniel.)que queriéndome me haya hecho tanto daño.

D.: Por lo tanto, no te quiere de esta manera de la que estamos hablando. Te quiere como el que quiere un objeto.

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