“Usted sólo puede conocer lo falso. Lo verdadero debe serlo usted mismo.”

Nisargadatta Maharaj – En “Yo soy Eso”.

Nisargadatta fue un maestro de una línea de pensamiento, o mejor dicho de no-pensamiento, que daba a conocer sus enseñanzas en Bombay durante el siglo XX. Su obra “Yo Soy Eso” está construida con la transcripción de diálogos que mantenía con buscadores venidos de muchas partes del mundo. Su primera y casi constante aseveración es que nosotros no somos ese individuo que aparentamos ser, no somos ese objeto del análisis psicológico, biográfico o sociológico. Somos, aún en una instancia más profunda, algo que no puede describirse. Y dicho con sus propias palabras: “Usted solo puede conocer lo falso. Lo verdadero debe serlo usted mismo”.

Hay ocasiones, cuando estoy sentado frente a un paciente, en que puedo llegar a percibir aquello que realmente está sucediendo y que no es exactamente lo que se relata. Es algo más profundo. Es un ejercicio que hacemos todos muy a menudo, sin darnos cuenta. Por ejemplo, cuando alguien habla, oímos no solo lo que dice textualmente, sino también lo que quiere decir. Si es una persona cercana a nosotros, entendemos mejor lo que quiere expresar, qué le lleva a decir o a hacer tal o cual cosa, por qué está contento, enfadado o triste, y por qué su discurso o sus actos tienen ese color en ese momento. Es decir, somos capaces de leer entre líneas y de contextualizar lo que en el fondo el otro quiere decir. Esta simple reflexión sobre cómo entendemos al otro nos conduce a darnos cuenta de que sabemos ir más allá de las apariencias, para dar sentido a lo que acontece. Nuestra mirada, incluso sin saberlo, ve más hondo. Pero ¿hasta qué hondura podemos ir? ¿Hasta donde nos podemos remontar para entender mejor? Lo que nos dice el sabio Nisargadatta es que, llegados a un punto, ya no podemos indagar con el razonamiento, con el conocimiento explícito. Solo podemos ser. El análisis se detiene y no hay forma de cruzar el bosque de las causas y de los pensamientos si no es dejándolos atrás.

Si ahora giramos la mirada hacia nuestro interior, y en vez de tratar de averiguar lo que el otro quiere realmente expresar, más allá de las apariencias, buscamos conocernos a nosotros mismos, nos encontramos de lleno con que detrás de todas las apariencias psicológicas y biográficas, sigue permaneciendo algo que nos trasciende como individuos concretos y particulares. Esto nos conduce a aquello que no podemos conocer ni ver, pero que permite que seamos. Esa profundidad del ser no es algo superfluo o de dudosa utilidad. Creo que es el único lugar, dentro de nosotros mismos, en donde podemos encontrar sosiego. Está ahí, con usted, ahora. Vaya a ese lugar, sin miedo, y permanezca allí.

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