Necesitamos a los demás y los demás nos necesitan. Un hombre, una mujer, solos, no son nada. La socialización del ser humano no es un detalle superfluo, una característica más. Cuando nuestra conciencia se cierra sobre sí misma y corta las uniones con los otros seres, perdemos una parte esencial de nuestra salud individual y sin darnos cuenta, también ponemos en riesgo al resto de seres. El fuerte individualismo de la cultura imperante nos ha ocultado nuestra responsabilidad con la sociedad y con el planeta. Creo que el hombre moderno es aquel que no solo opta por conocerse a sí mismo, sino que también se hace sensible a las necesidades de los demás seres vivos que comparten la tierra, sean estos humanos, animales o vegetales.

En realidad, en la interacción con los otros hay una alegría implícita, que no es un simple estado de ánimo. Al igual que los pajarillos posados en un alambre están simplemente juntos, sintiendo la proximidad de otros pajarillos, así los seres humanos necesitamos sentir también que no estamos solos. La exposición a la vida, en cualquiera de sus formas, implica un encuentro interior, del mismo modo que un encuentro con nosotros mismos nos remite también a un contacto con el exterior.

Podemos argumentar que nuestra necesidad de socialización es una cuestión de protección mutua, de necesidad material. Pero creo que hay algo más profundo todavía. Un hombre o una mujer sin amigos, sin conocidos, aislados en su mente, están enfermos de soledad. Sabemos hoy en día que la socialización es un factor de primera magnitud para prevenir el deterioro psíquico. Y atribuimos este hecho a múltiples factores derivados del contacto social, como la movilidad o el lenguaje. Pero creo que todavía hay algo más hondo en nosotros que se pone en funcionamiento cuando comunicamos y que nos mata lentamente cuando nos aislamos. Es simplemente falso que seamos seres perfectamente individuales. Ninguno de nosotros surgió por sí mismo, de la nada. Estamos unidos los unos a los otros por un mismo proceso de vida.

La salud de un individuo y de la sociedad en la que vive están estrechamente unidas. Tal vez el manifiesto cambio climático nos obligue a tomar conciencia de cómo una determinada cultura puede poner en riesgo la supervivencia de la especie. Los que niegan que nos estamos cargando el planeta, quemándolo todo y llenándolo de humo y de basura, me recuerdan a los insensatos que siguen negando el holocausto.

Necesitamos mayores puentes entre la salud mental de un individuo y la de su cultura. Hay culturas disfuncionales, es obvio. Pero no tenemos forma de decir cuál es la menos disfuncional, sin caer de inmediato en un nuevo totalitarismo. Y es que tal vez debemos ir paso a paso, empezando por lo más simple y pensando en términos de milenios. Son muchos los que creen que la distancia entre un hombre y una mujer es insalvable. Esa es nuestra sociedad. Hay trabajo, en lo personal y en lo colectivo. Anímense y contribuyan. Verán que es una fuente inagotable de ímpetu y motivación.

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