Nuestra mente se ocupa de muchos y diversos asuntos, pero creo que sobre todo se ocupa de sí misma. Es tal su capacidad de crear historias y atmósferas, que nos resulta casi imposible averiguar si en un momento dado estamos inmersos en una nueva aventura transitoria de nuestro pensamiento y de nuestros sentimientos, o si, por el contrario, tenemos una lucidez plena. Por no saber, tampoco sabemos lo que significa tener una lucidez plena. Puestas así las cosas, con nuestra vida transcurriendo mientras nosotros andamos entre la locura transitoria y la ignorancia, me pregunto entonces si hay algún modo orientarse en el mundo.

Es una pregunta bien sencilla, pero muy difícil. ¿Cómo podemos orientarnos? ¿Cómo podemos saber si estamos soñando o si estamos bien despiertos? En realidad, creo que nunca podemos averiguarlo plenamente, pues siempre conviven en nosotros la fantasía y la ilusión junto con un vago sentimiento de que hay algo tras esa neblina que no es simplemente un producto efímero de nuestra mente. Pero ¿qué es eso que creemos que hay detrás de todas las apariencias? Yo no sé lo que es, ni tampoco sé cómo puedo alcanzarlo. Y tal vez nos cueste tanto averiguarlo porque es precisamente aquello mismo que somos cuando desaparece todo lo que sobra. Tal vez sea difícil verlo no por su rareza, sino por todo lo contrario, por su inmensa ubicuidad que también nos engulle. Pero en todo este mar de dudas y confusiones, hay aún algo a lo que intuitivamente me adhiero, hay algo que busco a tientas como quien buscara el interruptor de la luz en la oscuridad: se trata de la calma de la mente. Podemos en efecto saber si nuestra mente está alborotada o si por el contrario está en calma. El solo hecho de hacernos esa pregunta íntima, que conlleva una respuesta rápida y siempre a mano, nos coloca en la conciencia de nuestra propia conciencia. He aprendido que cuando mi mente está en calma, ninguna de mis dudas hace su aparición. La vida es entonces un regalo en sí misma.

Cultiva siempre que puedas la calma de tu mente. No tienes nada que perder en ello y sí creo que hay mucho por ganar con ese hábito saludable.

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