Este cuadro, titulado “La niña y la bola de farolillos”, es de la autora Gaelle Boissonnard. En palabras de la autora, “como a veces es difícil seguir el camino de las palabras, he intentado seguir el de las imágenes”. El lenguaje nos limita y cosifica, y hay veces en las que el arte nos puede ayudar a entender, de una forma más sensitiva que racional, un concepto profundo.

Independientemente del significado que para la autora pueda tener el cuadro, podemos entender que la postura de la niña es en la que vivimos la mayoría: la individualidad.

Creemos que somos individuos separados del resto, y que nuestro sentir es diferente al sentir de los demás. Sin embargo, igual que le ocurre a la niña, hay una llamada interior que, si estamos dispuesto a escucharla, nos dice que no somos tan estancos que, en realidad, pertenecemos a algo más grande. Un pequeño farolillo no es nada, su luz es tenue y delicada, pero un conjunto de ellos iluminan de forma potente y al unísono todo lo que les rodea.

En este espacio de reflexión y crecimiento, pretendemos que nos alejemos de esa visión individualista que tantos problemas y sufrimiento nos genera, y nos vivamos como parte de un conjunto, fluyendo así con la vida y con todo lo que nos rodea.

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