Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986) fue un erudito escritor argentino, considerado uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y el pensamiento universal, además de objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo. Representa a la vez la Argentina que lucha por abrirse a lo universal y la criolla. Su obra narrativa está presidida por lo fantástico, como deseo de profundizar en la realidad para captar sus estratos más íntimos.

En su poema “El instante” nos revela una gran verdad, fuente de gran parte de nuestro sufrimiento: el presente es lo único que tenemos. El pasado se erige desde el presente, y el futuro se dibuja desde el aquí y el ahora. Nada tenemos más que este instante, en el que podemos decidir si nos colocamos de frente a la vida, o fluimos con ella. Esta instantánea, ese minúsculo momento del tiempo que, como si fuera una pompa de jabón en pleno invierno, está congelado ante nosotros ¿qué vamos a hacer con él?

El poeta intuye también que tal vez el reloj nos engañe. Tal vez solo existan instantes permanentes que nuestra mente anuda en un lamento de causas y tiempos. Tal vez todo lo que existe fluye en un eterno ahora, quieto y móvil, sin cesar. Aprendamos a desprendernos del siniestro equipaje de nuestro ridículo pensamiento, y vayamos al encuentro de nosotros mismos en lo real.

 

Jorge Luis Borges – El instante

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.