Comienzo de la primavera” (1072) fue pintado en tinta sobre seda (158,3 cm x 108,1 cm) por el pintor paisajista de origen chino Guo Xi (1020 – 1090). El autor vivió durante la dinastía Song, una época de esplendor cultural sin parangón. Durante ésta época se desarrollaron algunos de los grandes inventos chinos como la pólvora, la brújula, el papel moneda o la imprenta. El arte en todas sus expresiones fue apoyado y financiado desde las más altas esferas gubernamentales mientras que, a su vez, se asentaban religiones foráneas como el budismo y el taoísmo. Los pintores abandonaron el arte cortesano, en el que tomaban el papel de meros artesanos, para representar en sus obras conceptos filosóficos y espirituales llenando su obra de una profundidad nueva y elevándose al estatus de filósofos y poetas.

El motivo predominante en esta época eran los paisajes naturales, pero desde un punto de vista totalmente nuevo. El artista consideraba que la pintura era un nexo de conexión entre el Tao (el orden del universo, la sustancia de lo que todo está hecho, lo natural y universal) y el artista. Se observa que el papel del ser humano en esta corriente no es central. Cuando aparece en las obras se ve mezclado con la magnificencia de la naturaleza, como un elemento más del todo. De hecho, en muchos de los paisajes podemos ver al ser humano del tamaño de una hormiga en comparación con montañas gigantescas. Esta manera de representarse responde a la idea que querían expresar de que todos los elementos son la misma cosa (Tao) y de igual importancia entre ellos, por lo que es necesaria la comunión y el fluir con la naturaleza.

Otra característica de esta época es que las obras solían aparecer sin marco para fomentar la idea de la no ruptura entre el cuadro, el espacio y el espectador. Guo Xi inventó una nueva técnica a la que apodó Ángulo Total y que podemos ver puesta en práctica en el cuadro “Comienzo de la primavera”. Se trata de ofrecer en una misma obra diferentes perspectivas de una misma escena, en este caso la montaña y el bosque. El autor pretendía transmitir que el tiempo es inexistente, un mero concepto de nuestra mente ya que lo único que consideraba real era el presente. De la misma manera, aunó las diferentes perspectivas como una sola (Tao de nuevo). Al presentar elementos como rocas y árboles desde distintos ángulos y difuminar la separación entre las perspectivas, se crea un paisaje imaginario ideal, donde los elementos parecen flotar unos sobre otros de manera armónica.

Los autores de la pintura taoísta no solo querían mostrar en sus paisajes una idea como el Wu wei, sino que también realizaban la obra siguiendo este principio. Wu wei, o la no-acción, es un concepto taoísta que se refiere al fluir con el Tao y con las leyes naturales universales. Defiende que el ser humano debe obrar pero de manera no esforzada, lo que ocurre cuando nuestros actos están en consonancia con el devenir natural. Es esa sensación de bienestar y plenitud cuando hacemos lo que es natural hacer y mantenemos la armonía con el resto de elementos. Este tipo de no-acción es acción pero se ejecuta de manera fácil y sin fricciones, de una manera no esforzada. De esta manera, los pintores realizaban sus obras de forma no estudiada y casi improvisada. Dejaban que su mano se deslizara con naturalidad, cómodamente por el lienzo, sin necesidad de estructurar y pensar su obra.

 

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